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Interiores: cuando solo se puede mostrar un jarrón

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Woody Allen rodó en 1978 la película Interiores, que a priori se presenta como tranquila en ambientes calmados, pero como suele ocurrir en la vida real, la procesión va por dentro. Escondido detrás de una aparente y falsa normalidad se encuentra una familia que intenta acomodarse a cada personaje desde sus miserias tapadas por sus logros.

Un padre que después de criar a sus hijas, cumplir con su deber de marido y padre y darles un buen porvenir económico decide separarse y hacer su vida al margen de los problemas familiares que se hacen cada vez más evidentes, y de los continuos altibajos emocionales y psicológicos de su mujer. Esa decisión está en el foco de todos los miembros de la película por las implicaciones y consecuencias que provoca.

Una madre que sufre desde hace tiempo algún tipo de trastorno de comportamiento. Simula una depresión, pero desde la Descodificación Biológica podríamos mencionar otros rasgos conductuales detrás de una supuesta enfermedad mental. Entre ingreso y reingreso a un centro psiquiátrico se dedica a la decoración. Todo es minimalista, estilo nórdico, poca cosa muy elegante y de colores tenues como la vida misma. Afectada por la imagen presuponemos un conflicto de imagen que se inicia en un trastorno de comportamiento de rendimiento. Exigencia a nivel estético llevada al extremo de decorar las casas de sus hijas e yernos sin pedir permiso y sentir que se entra en profundo conflicto cuando algo está desajustado afuera. Como es afuera es adentro.

Juntos han montado una familia con tres hijas mujeres. Es una familia de las llamadas pudientes o ricas en las que el foco de la importancia está en el exterior poniendo el dedo en lo que haces, lo que tienes, lo que consigues, la imagen que das o como es la casa a nivel decoración mientras que el decorado está pintado de soledad, falta de muestras de afecto y frialdad. Con dinero es posible hacer los cambios necesarios para que se sienta bien acomodado todo o sea cada cosa en su lugar y la madre o suegra en todos para que ningún detalle sobre o falte. Para poner la mirada en el exterior hizo falta sacarla del interior, espacio retratado constantemente en esta película. Es el interior de lo que se ve y no el de lo que se siente.

Tres hijas mujeres, cada una con sus vidas llevándola como pueden y haciéndose eco de sus infancias. Sus niñas interiores dolidas, sufrientes, escasas de amor, de comprensión y llenas de rivalidad por el padre que no les ha escogido sufren en sus matrimonios las dificultades no sanadas. Se sacuden los sentimientos de culpa, el sin sentido de la vida, las infidelidades y los sentimientos de amargura y fracaso.

Tres espacios ocupados. Amores parentales cruzados y el medio olvidado dan un resultado exacto en la vida de estas hijas. Dos que tiran y uno que cae en el vacío. Ya sabrán cual es, no? Pues si, la del medio. La que se marcha porque no tiene lugar, reconocimiento, un puesto digno en la familia. La que será una artista poco valorada por ella misma que necesitará evadirse para sobrevivir. Las dos que quedan, mayor y pequeña serán la primera para la madre y la ultima para el padre. Ambas sabrán por quien han sido escogidas y sufrirán por el otro padre pidiendo su amor a gritos, a golpe de dinero u ofreciendo cuidados. Es el todo vale para ser amado. Perdón, hay un error, para sentirse amado.

El amor de esa forma no se consigue. Solo hay miedo, insatisfacción, luchas, ruegos, inseguridad, falta de autorreconocimiento. Dolor y mas dolor que se perpetua en la medida en que se intenta esconder lo que tiene que salir a la superficie. Secretos. No dichos. Callar para no herir o hablar para acercar a la realidad. Lo inevitable del destino llegará igual y al fin todo volverá a su lugar. La calma, un mundo apacible. Una playa con olas que vienen y van como los personajes de cualquier película.

Juega un papel preponderante la luz mortecina tipo día nublado de la película. Ese monocromo claro y sin brillo de una vida dedicada al exterior del interior y no a colorear el interior más íntimo y personal con sentimientos y emociones porque vivir sintiendo se hace difícil. Todo es y está vacío y cuando se llena lo hace con ráfagas de descontrol bañadas de ira contenida apreciable en lo verbal y lo corporal.

Y buen día llega lo desconocido, lo opuesto, el color, la excentricidad, la simpleza, el baile, la música, la alegría, la sinceridad, las ganas de vivir y de sentir, la expresividad en forma de futura segunda mujer de Artur, el padre y ex marido. Tachada de vulgar, de despreocupada, de excesiva y barata (palabras de la hija menor que además rivaliza porque había sido la escogida por el padre) será rechazada por no estar a la altura de la discreción, silencios, postureos que exige el guion aprendido en ese ambiente familiar. Paradójicamente esta mujer no aceptada por disfrutar sin limitaciones de la vida será quien traiga a la vida a quien más le rechaza.

La Descodificación Biológica nos invita a visitar esos espacios interiores para comprender qué procesos conflictuales han vivido. La infelicidad de los personajes deja relucir la historia de dolor que oculta. La madre ya la he mencionado. Quedan las tres hijas sufriendo por la falta de atención de los padres, que han crecido creyendo que lo importante es la sensibilidad hacia el arte, la creatividad y que han sentido en numerosos momentos la falta de esa riqueza artística, pero estaba incorporada en su identidad. Hay que satisfacer a mamá a pesar de que los caminos puedan ir por otros lados, pero los mandatos son mandatos y las creencias se transforman en limitantes cuando dejamos que nos aten o al menos eso hemos aprendido. La hora de soltar amarras ha llegado. Quizás alguien se atreva. Cada movimiento suma, igual que en la vida. O se sigue mostrando un falso equilibrio o de una vez por todas se habla de lo que hay y lo que hay es un árbol enfermo que siendo optimistas sabemos se puede podar.

¡Os abrazo con el corazón!

© Instituto Ángeles Wolder – Todos los derechos reservados.

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento emocional complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente para su bienestar emocional. Debe aclararse que el Instituto Ángeles Wolder no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún tratamiento.

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Ángeles Wolder

Ángeles Wolder

Directora Instituto Ángeles Wolder. Autora del Libro “El Arte de Escuchar el Cuerpo” y de "El reflejo de nuestras emociones: la descodificación de los sentimientos a través del cine". Es licenciada en Kinesiología, Profesora en Enseñanza Universitaria, Licenciada en Antropología Social y Cultural y Máster en Psicosociología. Desde hace 10 años se ha centrado en comprender y observar cómo el ser humano y la humanidad gestionan los conflictos emocionales.

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