Las profesiones que trabajan con personas y por las personas disponen de códigos deontológicos para regular de manera fundamentada la práctica y acompañamiento de la profesión.
Puesto que el contexto social y cultural evoluciona y varía, conviene revisar los códigos para adecuarnos a las nuevas situaciones y a los nuevos valores sociales y profesionales emergentes. Estos códigos se centran en los principios éticos, los valores y las virtudes profesionales que deben guiar la conducta profesional de cualquier persona que trabaje en el ámbito terapéutico, educativo o de asesoramiento profesional.
Este Código Ético recoge los principios, valores y compromisos que guían la práctica de todas las personas vinculadas al Instituto Ángeles Wolder, con independencia de su rol: terapeutas del directorio, docentes y equipo interno. No es un conjunto de normas formales, sino la expresión de una manera de entender la práctica terapéutica y la relación con quienes nos confían su proceso de transformación y crecimiento.
Está sujeto a revisión periódica para adaptarlo a la evolución de nuestra práctica y del contexto social y profesional en el que operamos.
Compromisos
- El Instituto Ángeles Wolder se compromete a mantener una actualización continua de los contenidos formativos, incorporando nuevas herramientas, evidencias y conocimientos.
- A promover un lenguaje inclusivo en todos sus cursos, contenidos y comunicaciones.
- A garantizar espacios de formación seguros, respetuosos y transformadores.
- A actuar con transparencia tanto hacia los estudiantes y profesionales del Instituto como hacia las personas que acceden a sus servicios terapéuticos.
- A mantener coherencia entre los valores que transmitimos y la forma en que gestionamos la organización, tanto en lo interno como en lo público.
Responsabilidad profesional en el ámbito del acompañamiento
Todo/a profesional vinculado/a al Instituto que ofrezca sesiones individuales o grupales en cualquiera de sus enfoques se compromete a garantizar el bienestar y los derechos de las personas usuarias.
Antes de iniciar cualquier proceso, el/la profesional informa a la persona sobre sus derechos, los roles de ambas partes y las expectativas y limitaciones del acompañamiento. En todos los enfoques del Instituto, el/la profesional comunica con claridad que el acompañamiento ofrecido es emocional y complementario, y que no sustituye en ningún caso a ningún tratamiento médico o psicológico en curso; que no es competencia del profesional emitir diagnósticos médicos ni recomendar la suspensión de ningún tratamiento de salud; y que la persona tiene derecho a rehusar parte o la totalidad del proceso en cualquier momento, sin necesidad de justificación.
Cuando la persona usuaria sea menor de edad, se requiere el consentimiento escrito de sus tutores legales.
El profesional no discrimina a ninguna persona por razones de edad, género, identidad de género, orientación sexual, raza, etnia, cultura, origen nacional, religión, discapacidad, situación socioeconómica ni cualquier otra condición personal o social. El respeto a la diversidad es una actitud activa, no una declaración formal.
El/la profesional trabaja únicamente en aquellos casos en los que sea competente. Cuando la demanda de la persona quede fuera de su ámbito de competencia, deriva a otro profesional de forma respetuosa y facilita el acceso a una alternativa apropiada. No inicia un proceso cuando sus circunstancias personales, sus intereses o cualquier tipo de relación previa con la persona puedan comprometer la objetividad y la calidad del trabajo.
Cada enfoque tiene especificidades propias. En Descodificación Biológica, el/la profesional no realiza afirmaciones deterministas sobre la causa de ninguna enfermedad. En Constelaciones Familiares, el trabajo es un proceso de exploración y no una prescripción, y se garantiza la seguridad emocional de todos los participantes, incluidas las personas que ejercen como representantes.
En el trabajo con trauma, el/la profesional nunca forzará la entrada en material traumático antes de haber establecido los recursos y la estabilización necesarios. En el trabajo con infancia, adolescencia y familia, se actúa siempre en el interés superior del menor y se siguen rigurosamente los protocolos legales de protección.
Responsabilidades hacia los/as estudiantes
Los/as docentes del Instituto asumen una responsabilidad especial por la posición de influencia que ocupan y por el impacto de su labor en la formación de futuros profesionales del acompañamiento terapéutico.
Los/as docentes se comprometen a impartir contenidos rigurosos, actualizados e innovadores; a citar adecuadamente las fuentes bibliográficas; a ser honestos respecto a los límites del conocimiento actual en cada área, diferenciando claramente entre lo que está científicamente fundamentado, lo que pertenece al campo experiencial y lo que es aún hipotético o debatido.
En la relación con los/as estudiantes, el docente evita cualquier abuso de confianza, de poder o de autoridad. No solicita ni presiona a que los/as estudiantes revelen información personal de carácter íntimo. Cuando un/a estudiante comparte información personal de forma voluntaria en un ejercicio formativo, el/la docente la trata con el mismo nivel de confidencialidad que cualquier material clínico. No inicia ni mantiene relaciones de carácter terapéutico con sus propios estudiantes fuera del marco establecido por la formación.
Los/as docentes del Instituto son representantes de sus valores y su enfoque, y se espera que actúen en coherencia con este Código Ético también fuera del aula: en sus redes sociales, en sus publicaciones y en su práctica terapéutica privada.
Confidencialidad
La confidencialidad es uno de los pilares fundamentales de cualquier práctica terapéutica responsable. Toda la información compartida en el marco de un proceso de acompañamiento queda protegida durante y después de la relación profesional, abarcando cualquier dato, historia, contenido emocional o circunstancia personal. La información obtenida en sesión no se comparte con terceras personas sin el consentimiento explícito de la persona usuaria.
Las únicas excepciones son: la existencia de un riesgo real para la vida de la persona o de terceros, un requerimiento judicial, o los contextos de supervisión profesional con casos debidamente anonimizados. Los registros se custodian de forma segura, conforme a la normativa de protección de datos vigente (RGPD), y se conservan un mínimo de cinco años desde la finalización del proceso. No se graban sesiones sin el consentimiento previo y expreso de la persona usuaria.
Competencia e integridad profesional
El ejercicio responsable de cualquier práctica terapéutica o formativa exige un compromiso continuo con la propia formación y con los límites de la propia competencia. El/la profesional mantiene su formación actualizada y atiende únicamente los casos en los que sea competente, determinado por su formación, su experiencia acumulada y su propio proceso personal de desarrollo.
El Instituto considera que el trabajo terapéutico pasa primero por quien lo ejerce. Por ello, se recomienda y valora que todas las personas vinculadas al Instituto en roles de acompañamiento, docencia o asistencia hayan realizado o estén realizando su propio proceso terapéutico personal.
La coherencia entre lo que se ofrece a otros y lo que se trabaja en primera persona es una condición esencial de la integridad profesional.
Para incorporarse a la plantilla de Consultores/as Recomendados/as del Instituto, los/las profesionales deben haber completado la Formación en Trauma y Herramientas Terapéuticas del Instituto o equivalente acreditado, acreditar un proceso terapéutico personal en curso o concluido, y mantener una supervisión regular de casos.
Este criterio responde a la convicción de que cualquier persona que reciba acompañamiento terapéutico puede presentar material vinculado al trauma, y que un profesional sin formación específica en este ámbito puede no estar preparado para identificar y contener adecuadamente estas situaciones.
Supervisión profesional
La supervisión de casos es un requisito para todos/as los/as terapeutas vinculados/as al Instituto, no una recomendación. Es una herramienta esencial para garantizar la calidad del acompañamiento y para proteger tanto a las personas usuarias como al propio profesional.
La supervisión se realiza con profesionales experimentados, garantizando en todo momento el anonimato de las personas usuarias. El Instituto establece un mínimo de 20 horas de supervisión anuales, de las cuales al menos 12 deben ser de supervisión individual. El incumplimiento reiterado e injustificado de este requisito puede derivar en la revisión de la vinculación del/la terapeuta con el Instituto.
Responsabilidad hacia la profesión
Los/las profesionales vinculados al Instituto se comprometen a seguir los principios éticos de la profesión en todos los ámbitos en que ejerzan, incluida su práctica terapéutica fuera del Instituto. No realizarán afirmaciones públicas sobre los enfoques del Instituto que excedan los límites del conocimiento actual o que puedan inducir al error.
Tomarán las medidas necesarias para prevenir un uso inadecuado de los contenidos, metodologías o materiales del Instituto, y no utilizarán su vinculación al Instituto para obtener beneficios ajenos al acuerdo de colaboración vigente.
Compromiso del usuario
Toda persona que recibe un servicio en el Instituto tiene derecho a conocer y comprender el alcance y las condiciones del servicio que recibe. El Instituto informa a todas las personas usuarias de que el acompañamiento que ofrece es de carácter complementario y no sustituye a ningún tratamiento médico o psicológico en curso; de que no se emiten diagnósticos médicos ni se recomienda la suspensión de ningún tratamiento paralelo; y de que la persona tiene derecho a rehusar parte o la totalidad del proceso en cualquier momento, sin necesidad de justificación alguna.
Cada área de trabajo tiene derechos específicos asociados. En Descodificación Biológica, la persona tiene derecho a que se le explique claramente qué es esta disciplina y qué puede o no puede esperarse de ella. En Constelaciones Familiares, nadie está obligado a participar como representante sin su consentimiento, y la persona es libre de aceptar, rechazar o integrar a su ritmo cualquier elemento que emerja en la sesión. En el trabajo con trauma, el/la profesional respeta el ritmo de la persona y no fuerza la entrada en el evento traumático antes de que esté preparada. En el trabajo con menores, los/as tutores/as legales tienen derecho a ser informados/as del tipo de acompañamiento que recibirá el niño o niña, sus objetivos y la metodología empleada.
Reclamaciones
Cualquier persona que considere que las normas éticas del Instituto han sido vulneradas puede hacer llegar su reclamación a la Dirección a través del correo electrónico oficial: [email protected]
El Instituto acusará recibo en un plazo máximo de 5 días hábiles, estudiará el caso con rigor, imparcialidad y confidencialidad, y comunicará la resolución adoptada en un plazo proporcional a la complejidad del caso. Nadie sufrirá represalias por haber presentado una reclamación, aunque esta no prospere.
Desvinculación
El incumplimiento de este Código Ético supondrá el inicio de un proceso de revisión formal que puede derivar en la suspensión cautelar del profesional durante el período de valoración y, en caso de confirmarse el incumplimiento grave o reiterado, en la desvinculación definitiva. La desvinculación, cuando se hace necesaria, no es únicamente una medida sancionadora, sino también un mecanismo de protección de todos los que forman parte de la comunidad del Instituto y de las personas que confían en ella su proceso de desarrollo personal y profesional.
El texto completo del Código Ético está disponible para su descarga a continuación.