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¿Por qué me duele la espalda?

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¿Por qué me duele?, ¿Por qué a mí?, ¿Por qué ahora que todo va mejor?, ¿Si no he hecho esfuerzos y me duele? Éstas son algunas preguntas que nos hacemos cuando la estructura músculo-esquelética nos avisa mediante alguna dolencia de que tenemos que parar de usar esa parte porque hacerlo duele.

Las situaciones son variadas y ocupan a cualquier parte de nuestro organismo en la que hay un hueso, una articulación con sus componentes (ligamentos, cartílago, meniscos, discos, bolsas..) o un músculo generando una inflamación, una contractura, el desgaste en ellos o una lesión de tipo mecánico como la artrosis. 

“El cuerpo funciona como un todo. Las emociones están dentro de nosotros, pero nos han educado sin contar con ellas. La felicidad del siglo XXI pasa por comprenderlas y gestionarlas para poder transformar las áreas de la vida que no funcionan. El afecto de los demás, por ejemplo, es lo que más dispara nuestra capacidad de superar obstáculos”, explica Elsa Punset.

Estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Elsa Punset, que refleja cómo las emociones y los procesos que vivimos en un nivel no físico tienen un impacto en la parte física o material.

Nuestra mente influye en el cuerpo y el cuerpo es el medio de expresión de lo que ocurre en nuestra mente. Es como si el cuerpo llorara y quisiera sacar de dentro el dolor del alma. ¿Pero, qué emociones o conflictos afectan con mayor frecuencia a nuestra estructura física? Tristeza, enfado o miedo son las más propensas a estar compañadas de los dolores físicos musculo esqueléticos.

Son las vivencias que nos acercan a sentir que no valemos nada en la vida. El “no sirvo”, “no puedo”, “soy incapaz” o la percepción de que no vamos a conseguir hacer algo (extremidad superior) o se podrá ir en la dirección deseada (extremidad inferior).

Son los llamados conflictos de rendimiento, que nos abocan a la sensación de desvalorización. En ellos podemos encontrar el sentimiento de vergüenza, de no ser capaz o de “me han pillado”, la sensación de no llegar, de culpa o de estar en deuda, la sensación de fracaso y de “serlo”, el sentir de que hicimos algo malo, de que nunca podremos hacer las cosas bien, de que hemos fallado o pecado.

Éstos conforman un subproducto de la baja autoestima que puede acompañar a un conflicto de rendimiento. Le llamamos desvalorización de uno mismo y llegamos a ella después de mensajes negativos que pueden haber estado en la infancia como “inútil, incapaz, burro, torpe, lento, tonto, inepto/a, no pienses, no sirves, no vales, sólo sirves para hacer las cosas mal, nunca llegarás a nada” y una cantidad de palabras dolorosas que dejan una impronta.

También puede ser por la comparación que hacen padres, tutores o maestros con otras personas (tus primos sí que saben, los hijos de X son inteligentes, los demás pueden y tú, ¡mírate!, tu hermano consigue todo lo que se propone…). Éstas llevan al sentir de para los demás sí que hay, pero para uno no.

En todos los casos, hay una gran exigencia en algún momento que no ha podido ser superada y deja una huella en el alma ante la que sucumbimos cada vez que volvemos a conectar con situaciones similares.

El resultado de no hacerlo bien según los parámetros de los demás es la falta de valor propio. Esto genera miedo y ansiedad por conseguir el resultado esperado. Tensión y miedo en el alma es igual a tensión y miedo en el cuerpo que se manifiestan como dolores, contracturas musculares y desequilibrios en la postura.

“El miedo y la ansiedad pueden llegar a provocar que ciertas personas estén siempre tensas, vigilantes, cansadas y, al mismo tiempo, no puedan conciliar el sueño”, dice un reconocido médico, el doctor Valentín Fuster.

Una herramienta usada en la educación parental, escolar, religiosa o social es la culpa (ser causante de algo o asumir las consecuencias de una conducta), que siempre será medida según valores humanos tan cambiantes como personas hay en el mundo.

El sentimiento de culpa da para un tratado pero aquí sólo lo dejo como el resultado de la valoración de los adultos sobre los niños que luego afecta durante la vida por sentirse no aptos para dejar de ser “deudores”.

La culpa y la vergüenza surgen cuando depositamos en los demás nuestra valoración. A veces, ser culpable de la infelicidad de los padres es duro, pero recordar que la felicidad de los demás no depende de uno, ni la de uno depende de los demás. Cada uno es feliz o infeliz con su propia historia.

Fases del Programa Biológico de Supervivencia

Durante todo el tiempo que dura el estrés, la persona no percibe cambios en su organismo. Sin embargo, a partir del momento en que se soluciona el conflicto, las lesiones inflamatorias, infecciosas o los procesos dolorosos harán su aparición.

La inflamación es un proceso del PBS que aparece para ayudar a los tejidos a inmovilizarse y regenerarse mediante el aporte de todo lo necesario para que se produzca la sanación. Si la zona se inmoviliza lo necesario, se aportan los nutrientes específicos y se calma el dolor con medidas naturales que no interrumpan el proceso. La parte comprometida estará otra vez en funcionamiento en un tiempo prudencial.

Propósito biológico: ¿Cuál es la solución temporal desde el punto de vista biológico de las lesiones músculo-esqueléticas que tengan como finalidad asegurar la supervivencia?

En órganos del mesodermo nuevo, el sentido biológico está siempre después de encontrarse la solución al conflicto o en la fase Pcl-A/B. Y es reforzar el órgano, hacerlo más eficiente, más duro y resistente o más fuerte y que pueda estar preparado ante un posible choque biológico posterior.

Medidas naturales

Aparte de todas las medidas médicas alopáticas disponibles en el mercado y recomendadas por los médicos, se puede tener en cuenta otro tipo de medidas naturales como:

  • Uso de hielo: en la zona con dolor y en la cabeza. Este último, idealmente se colocaría sobre la zona edematizada o Foco de Hamer, pero si se desconoce su localización es preferible enfriar toda la cabeza y colocar hielo como si se colocara un casco o gorro.
  • No exponerse al sol o calor durante el proceso de dolor o inflamación y sobretodo no poner la cabeza al sol.
  • Cataplasma de cúrcuma: una cuchara de polvo de cúrcuma mezclado con aceite de almendra (lo suficiente para obtener una pasta) que se aplica durante 15 minutos sobre la zona de dolor.
  • Cataplasma de Equisetum arvense o Cola de Caballo: se prepara con 1/4 t. de agua, 3 cucharas de Equisetum arvense (planta seca y reducida a polvo) que se hierve unos 5 minutos. Aplicar la pasta tibia de 30 minutos a una hora máxima de 2 a 3 veces al día durante 3 semanas.
  • Traumeel o Árnica Montana

Es prioritario el uso de hielo, ya que mejora sustancialmente la zona con lesión. También es importante reconocer qué nos lleva a vivir con tensiones, miedo, necesidad de demostrar o de convencer a los demás, de vendernos como no somos. Es demasiado pesado llevar todos los días el disfraz de algo que no queremos ser.

“Los tratamientos médicos deben hacerse desde una perspectiva integral y teniendo en cuenta que tratar de forma separada cuerpo y mente es un error. Es esencial que el médico escuche al paciente y que empatice con su situación. Y hay que evitar que la tecnología sustituya o anule lo que cuentan los pacientes”. Valentín Fuster

Dejar el error atrás

Nunca mejor dicho. No hay errores, hay acciones con resultados diferentes. No hay equivocaciones sino experiencias que dan un aprendizaje. Algunas personas aprenden de una manera y otras de otra forma. Todos tenemos en nosotros la posibilidad de sentir que podemos y queremos ser seres amantes y amados, pero no por lo que hacemos, sino por lo que somos: ¡seres humanos divinos, únicos e irrepetibles!

Estamos formados de capacidades y debilidades, de fortalezas y flaquezas, de consistencias e inconsistencias, de fragilidades y firmeza. Todo nos compone y si lo integramos seremos cada día seres más completos.

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Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento emocional complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente para su bienestar emocional. Debe aclararse que el Instituto Ángeles Wolder no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún tratamiento.

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Ángeles Wolder

Directora Instituto Ángeles Wolder. Autora del Libro “El Arte de Escuchar el Cuerpo” y de "El reflejo de nuestras emociones: la descodificación de los sentimientos a través del cine" y "Hambre Emocional". Es licenciada en Kinesiología, Profesora en Enseñanza Universitaria, Licenciada en Antropología Social y Cultural, licenciada en Psicología y Máster en Psicosociología. Desde hace 10 años se ha centrado en comprender y observar cómo el ser humano y la humanidad gestionan los conflictos emocionales.
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