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Autorresponsabilidad en la salud y la enfermedad

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¿Qué es la salud y qué es la enfermedad? ¿Por qué enfermamos? ¿Cómo volvemos a  mejorar nuestra salud? ¿Qué responsabilidad tenemos sobre nuestra salud? Ángeles Wolder brinda respuestas a estos y otros interrogantes.

La definición de salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la siguiente: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

La cita procede del Preámbulo de la Constitución de la OMS, que fue adoptada por la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Nueva York del 19 de junio al 22 de julio de 1946.

La definición de enfermedad es, también según la OMS:

«Alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y unos signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible”.

El término enfermedad proviene del latín infirmitas, que significa falto o ausente de firmeza.

Podemos decir que la salud es un estado de equilibrio natural de los seres vivos y la enfermedad es una falta de firmeza en alguna parte de nuestro cuerpo o nuestra mente que forma parte del proceso biológico natural, y ambos estados son parte integral de la vida.

De la misma manera, el envejecimiento también forma parte del proceso biológico y en la medida que el tiempo pasa y el cuerpo va viviendo situaciones de enfermedad o va envejeciendo puede ir registrando los cambios con un desgaste.

Recuerda que esto es totalmente natural, sólo que se ha intentado que nada de esto ocurra, que no se visibilice la debilidad del cuerpo. Que no aparezcan enfermedades. Y si las hay, eliminarlas rápido sin comprenderlas y que se envejezca lo menos posible y cuanto más tarde mejor.

Hay quien dirá que la piel cambia con el paso de los años y en Descodificación Biológica las arrugas o las manchas en la piel son el resultado de un conflicto biológico de ataque a la integridad. Las manchas o arrugas nos cuentan la historia vivida.

Con frecuencia aparecen en las manos, el pecho o la cara y son las zonas de mayor exposición o de mayor contacto con los demás en las que podemos sentir en carne propia un comentario que nos duele o molesta, recibir una crítica, un insulto o una autocrítica, que hará que la dermis reaccione haciendo de escudo protector. Si la experiencia es muy fuerte, el resultado en lugar de una mancha puede ser un melanoma.

Y ¿estos procesos naturales son responsabilidad de cada uno de nosotros, de los otros, del estado, del sistema sanitario o de quién? Aquí cada uno se puede responder según su propio mapa mental.

La enfermedad es una forma de inadaptación a los cambios

La vida es un constante cambio y, en consecuencia, se integra de constantes adaptaciones o inadaptaciones, según aceptemos más o menos las experiencias vividas.

El cuerpo humano como vehículo especial nos acompaña en esta existencia para mostrarnos el camino a seguir ante esos cambios. Cuanto mayor adaptabilidad y flexibilidad tenga la persona, más posibilidades de permanecer en un estado de equilibrio presentará. La salud es por lo tanto variable, transitoria, inestable y está en función de la adaptabilidad que pueda permitirse la persona.

Una mujer tiene un jefe que le pide resultados del trabajo casi cada día. La mujer vive una constante persecutoria actividad de control y lo siente como invasión o amenaza en su trabajo. Si ella percibe que el control del jefe es una ayuda para mejorar o que el jefe la aprecia y por eso le pide resultados, no luchará con lo que vive y se sentirá bien, con salud. Si, por el contrario, siente la amenaza, pondrá sus bronquios en marcha con una ulceración de la piel que los recubre para poder hacer frente a la situación respirando más. El resultado en cuanto se relaje un poco será un proceso inflamatorio llamado bronquitis. En ese momento se descubrirá “enferma”. 

Las situaciones cambiantes que generan un estrés específico tendrán como resultado un síntoma o enfermedad asociado, según la persona haya sentido el evento dramático. La enfermedad aparece entonces como un sistema de regulación a las circunstancias de tensión y, por lo tanto, bienvenida sea para poder evacuar todas las tensiones no liberadas.

¿Por qué enfermamos? Porque nos guardamos profundamente lo que sentimos ante eventos que nos desequilibran. Callarse y seguir adelante como si nada pasara cuando sí que pasa algo en nuestros sentimientos, emociones y en nuestro profundo interior.

La salud como necesidad creada

El sistema sanitario médico, de estudios complementarios y farmacéutico en los últimos 100 años se ha organizado de manera tal que permite una única manera de ver la salud y de actuar en la enfermedad, que es vivir bajo sus protocolos, considerados científicos. Y todo lo que la persona quiera hacer para responsabilizarse de su salud es placebo o pseudocientífico.

El psicoterapeuta argentino Carlos Trosman describe de manera brillante esta ecuación basada en la creación de una necesidad, que a su vez será cubierta por el sistema. El siguiente texto pertenece a un artículo suyo publicado con el nombre Salud y Enfermedad como parte del movimiento vital, por «Kiné, la revista de lo corporal», en su número 90 del año 2009:

«En la modernidad se instalaron valores como verdades universales, y entre ellos está la salud. El cuerpo dejó de considerarse una parte del cosmos y pasó a ser una posesión del individuo, un bien propio dependiente de cada uno. Ya no es como un árbol que depende de los avatares de la naturaleza, sino que queda enajenado de la misma. Comienza a pensarse como una máquina, que por lo tanto depende de la tecnología y de la ciencia para mantener su eficiencia y durabilidad. Esto implica también que el estado de dicha máquina dependerá de las posibilidades económicas de su dueño, como si fuera un automóvil. Desde este concepto, el cuerpo no solamente se enajena de la naturaleza para conjurar, entre otros, el temor a envejecer y a morir, sino que se enajena de nosotros mismos, ya que cuando nos duele algo o nos enfermamos sentimos al cuerpo como algo extraño, ajeno, que no funciona como nosotros queremos. Recurrimos entonces al “servicio técnico” para recuperar la eficiencia y el control sobre el cuerpo: analgésicos para el dolor, antiinfla­ma­torios para los músculos cansados, antiácidos para la digestión, antihistamínicos para los resfríos, estimulantes, relajantes, para dormir, para despertarse, para anestesiarse, para seguir en una carrera que nos enajena cada vez más de nosotros mismos. Para mantener la ficción de una salud estable e invariable a pesar de los cambios climáticos y de la edad. Esa es justamente la enfermedad más terrible de esta época que nos toca vivir:  tratar de encajar en estándares universales que no son tales y únicamente responden a las necesidades económicas del mercado, que necesita vender en todo el mundo lo que fabrican en un sólo lugar, para lo cual genera criterios uniformes a través de los medios de comunicación masiva, provocando “necesidades” iguales (no importa qué diferentes sean los lugares y las costumbres) en sociedades que pretenden ser previsibles para que el mercado (nueva religión que regula nuestros destinos) pueda hacer las prospectivas de sus negocios».

Creo que describe perfectamente el estado de la cuestión del binomio salud-enfermedad, cuando no se lo comprende como parte de un sistema natural de permanencia en la vida.

¿Cómo volvemos a  mejorar nuestra salud?

Llegando a conectar con lo que nos ha hecho infelices, siendo coherentes en nuestra vida, pudiendo expresar los dolores guardados en el cuerpo, vaciando el malestar emocional asociado a los conflictos vividos, dando permiso al malestar interior para que escape al exterior, que una vez fuera ya no regresa.

Aprender de la enfermedad escuchando la manifestación del cuerpo, que tan sólo es lo que nos quiere decir el alma. Cambiar para vivir de manera armónica y sana según las necesidades de la propia vida. Sana uno y sana lo que hay alrededor. Te deseo un buen camino de manifestación de todo tu poder.

© Instituto Ángeles Wolder – Todos los derechos reservados.

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento emocional complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente para su bienestar emocional. Debe aclararse que el Instituto Ángeles Wolder no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún tratamiento.

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Ángeles Wolder

Ángeles Wolder

Directora Instituto Ángeles Wolder. Autora del Libro “El Arte de Escuchar el Cuerpo” y de "El reflejo de nuestras emociones: la descodificación de los sentimientos a través del cine". Es licenciada en Kinesiología, Profesora en Enseñanza Universitaria, Licenciada en Antropología Social y Cultural y Máster en Psicosociología. Desde hace 10 años se ha centrado en comprender y observar cómo el ser humano y la humanidad gestionan los conflictos emocionales.

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