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Técnicas Gestalt: Enriqueciendo nuestro acompañamiento en consulta

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Raquel Pérez, Coordinadora Académica del Instituto Ángeles Wolder y Descodificadora especialista en familia, pareja y mediación familiar, nos acerca en el siguiente artículo a la Terapia Gestalt como herramienta para mejorar nuestra práctica profesional.

Cuando comencé a formarme como especialista en orientación y mediación familiar, me di cuenta de lo fundamental que es poder ofrecer a las personas a las que diariamente acompañamos, un abanico de estrategias, de técnicas y de herramientas para facilitar su bienestar. Lo esencial es que, como profesionales, seamos ricos brindando caminos y estemos dotados de distintos instrumentos para favorecer que nuestros pacientes puedan labrar el suyo propio. Aprender una técnica es incorporar un recurso a nuestro bagaje, por ello, quiero destacar la importancia de contar con las técnicas gestálticas como medio para enriquecer nuestro acompañamiento en consulta.

Un poco de historia

La psicología de la Gestalt (o Teoría de la Forma) tiene su punto de partida en varios psicólogos alemanes de principios del siglo XX: Koffka (1973), Köhler (1963), Wertheimer (1925), Brown y Voth (1937). ¿De dónde surge? La Gestalt surge de las teorías visuales y auditivas en una época en que los sentimientos, las emociones y cualquier otro contenido que procediera del interior de la persona y que expresara su personalidad más profunda, no eran tomados en cuenta.

Ya a mediados del siglo XX, la psicóloga Laura Perls y su cónyuge Fritz Perls, así como sus continuadores, adaptaron, combinaron y crearon técnicas retomando lo mejor de otras corrientes y basándose en la teoría Gestalt, creando así una nueva psicoterapia: la Terapia Gestalt. De este modo se convierte en un acompañamiento inclusivo e integrativo. Por ejemplo, de la asociación libre freudiana, retoma la idea del fluir de la conciencia, que tiene cierta relación con la filosofía oriental, como en el caso del continuo de conciencia que se consigue mediante la meditación; de dichas filosofías también toma el concepto de apoyar el “darse cuenta”, cambiando el enfoque de atención del contenido a la forma; del psicodrama de Jacob Levy Moreno, integra la dramatización de los conflictos. Del budismo zen adopa la regla de minimizar el pensamiento. Podríamos continuar, la lista de influencias es extensa.

¿Por dónde empezar?

Cuando unimos las palabras abierta o cerrada a la Gestalt, nos referimos al estado original de la necesidad antes o después de resolverla respectivamente. Por ejemplo, cuando tenemos sed, decimos que tenemos una Gestalt abierta; si bebemos hasta satisfacer nuestra sed diremos que la Gestalt se cierra y desaparece para dar lugar a una nueva (necesidad); es un proceso que ocurre continuamente.

Desde el punto de vista biológico, siempre abrimos y cerramos gestalten (plural de gestalt). Dado que, si no lo hiciéramos, atentaríamos contra nuestra supervivencia como especie. Si nos referimos a nivel psicológico o emocional, podríamos desarrollar algún trastorno comportamental/conductual/emocional; sería como dejar asuntos pendientes sin cerrar.

Para la Gestalt, el organismo es considerado como una unidad en una continua interrelación con el ambiente, es por ello que ambos se están retroalimentando constantemente. Una forma de comportarse, que podríamos describir como “normal”, va a depender de la facilidad de la persona para satisfacer sus necesidades sin oponerse y/o bloquearse a las demandas del mundo que le rodea.

Dentro de la Gestalt es importante destacar conceptos como la figura/forma y el fondo. Siendo la figura aquello que sobresale, aquello que tiene una forma definida, aquello en la que ponemos atención, aquello de lo que habla la necesidad. Retomando el ejemplo anteriormente expuesto, la forma sería la sed. El fondo es algo  indefinido. En cierta medida, el fondo no tiene forma, puesto que se pone al “servicio” o sirve de base a la figura. Además de la figura y el fondo, también se tiene en cuenta la búsqueda de la homeostasis, la búsqueda del equilibrio entre el organismo y el ambiente, que es de donde la persona extrae los elementos necesarios para satisfacer sus necesidades, tanto fisiológicas como psicológicas.

Una premisa fundamental es la observación de la persona en su totalidad, no desde la suma de “pedacitos” o “fragmentos”o “piezas de puzzle”, no se trata de ver los porqués, sino de contemplar el cómo. Solo cuando la persona se da cuenta de lo que hace y de cómo lo hace, está preparado para cambiar su conducta.

Empleando técnicas gestálticas favoreceremos la creación de ese espacio de seguridad y confianza —tan importante en cualquier proceso terapéutico— a través del afecto, de la cercanía y de la comprensión.

Además, facilitaremos el cierre de asuntos pendientes en el Aquí y en el Ahora, independientemente de cuándo haya ocurrido el asunto (ya sea del pasado o del presente), porque la base de la metodología Gestalt es la conciencia; al prestarnos atención a nosotros mismos, llegamos a conocer cuál es nuestra verdadera experiencia, trabajando en el hoy aun siendo asuntos del ayer. Y todo ello utilizando procedimientos significativos para la persona, convirtiendo el proceso en una experiencia vivencial y reveladora.

© Instituto Ángeles Wolder – Todos los derechos reservados.

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento emocional complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente para su bienestar emocional. Debe aclararse que el Instituto Ángeles Wolder no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún tratamiento.

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¡Hola! Soy quien ha escrito este artículo

Raquel Pérez

Raquel Pérez

Raquel se formó como Descodificadora Biológica en el año 2014 con Ángeles Wolder en 2014 y se ha especializado en los recursos terapéuticos, las relaciones familiares y de pareja. Es diplomada en Trabajo Social y Máster en terapia de familia, pareja y mediación familiar. Desde hace 17 años trabaja como terapeuta familiar y es la coordinadora de proyectos educativos de Instituto Ángeles Wolder.

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