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Solo el amor es más fuerte que el odio

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Parece paradójico que en el mes de la no violencia (2 de octubre) se sumen procesos virulentos y dolorosos en muchos espacios queridos que finalmente traen tristeza y ganas de hacer algo para que esto cambie. Lo que ocurre a nivel social pasa por procesos personales de ida y vuelta. Somos coparticipes y no víctimas de lo que vemos.

Cuando algo en la sociedad, propia o ajena, tiene un impacto en nuestro interior como en estos días por la violencia que se observa es porque resuena con algo del interior y cada uno da respuesta a su manera. Creo que lo importante es darnos la posibilidad de construir una sociedad más sana y eso pasa por cada uno de nosotros.

Nuestro trabajo en Descodificación Biológica está encaminado a acompañar a las personas para que consigan ser felices, sentir paz en el alma y regar el planeta con ello. Todo comienza en uno, y si somos capaces de transmitir en la medida en que podamos hacerlo, acaba como una onda expansiva de bienestar para mucha gente. Solo así construiremos un mundo en paz.

En este momento de convulsión en distintos lugares del planeta (México, Ecuador, Chile, Bolivia, Cataluña, distintas ciudades de España, Líbano, Siria, Turquía), o vemos sitios donde se anteponen los intereses empresariales a la salud de las personas o nos encontramos en espacios políticos en los que todo está permitido para obtener el voto de la conquista (España, Argentina) seguramente te preguntas porque el mundo no aprende.

¿Por qué las personas se odian?
¿Por qué solemos criticar al otro cuando hace algo distinto?
¿Por qué etiquetamos con desprecio al que es diferente? Izquierdoso, facha, “indepe”, separatista, unionista, inmigrante…
¿Cómo es que hay racismo hoy? Negro, blanco, asiático, rico, pobre…
¿Por qué siguen los golpes como medidas para disuadir una manifestación pacífica? En Chile, China, España, Líbano, Hong Kong…
¿Por qué seguimos polarizados? Buenos, malos, trabajadores, vagos, violentos, pacifistas…

Y llegados aquí quiero preguntarte si te sientes coparticipe y si haces algo de lo mencionado anteriormente. A veces pensamos mal de otra persona, le criticamos, hacemos bromas sarcásticas o entramos en guerra con nuestro dialogo interior y eso está generando más energía negativa, aunque pienses que solo está en tu cabeza.

Vivimos en un mundo en el que a algunas personas les ha servido la polarización y la promueven, pero cada uno es responsable de revisar si eso es lo que quiere en su vida. ¿Lo alimentas o lo sueltas? Lo vemos en los políticos que buscan confrontación y no dialogan. Se gritan, insultan y no se escuchan. Y ¿Qué pasa en ti cuando observas esos juegos en una sociedad mediatizada? Tu opinión cuenta. Ahí pueden comenzar las criticas o puedes comprender que están jugando a tapar un dolor inmenso que no se han atrevido a mirar de otra manera.

Seguir exponiéndonos a los extremos solo lleva a más dolor y a continuar en el bucle de la violencia y creo que el cambio comienza por cada corazón. Para ello tenemos que empezar por escucharnos y escuchar activamente al otro sin querer cambiarle o convencerle, haciendo lo necesario para ponernos en los zapatos del otro y entender su forma de pensamiento y sin duda sentarse a dialogar. Hablar con los que piensan como nosotros es fácil. El trabajo está en dialogar con los que tienen una opinión distinta y escuchar sus razones que siempre son profundas.

Cada ser humano tiene razones profundas para actuar como actúa. Detrás de cada reacción hay un dolor no sanado. Si te tomas el tiempo de ver que ha pasado dejarás de juzgar.

¿Qué nos ocurre cuando una y otra vez las personas sienten que no son escuchadas en sus necesidades?

La gente disiente por lo que siente. Cuando se actúa como estos días en Ecuador, Chile o Cataluña es porque no ha habido una escucha respetuosa de las necesidades vitales de las personas que sufren (cada uno a su manera) y cuando se acumula la sensación de impotencia la reacción estará en el movimiento. Salir a la calle, gritar, tirar cosas y sacar rabia. No lo justifico, sino que lo explico. Si te sientes retenido y contenido cuando te liberen te moverás mas de la cuenta. La impotencia debilita.

Cada uno de nosotros puede aportar su granito de arena para conseguir la paz. ¿Qué haces para sumarte?

Creo que es importante que cada uno tome conciencia de como puede contribuir desde lo cotidiano, por ejemplo:

  • Deja la crítica, no vuelvas a poner etiquetas, suelta las acusaciones y si te encuentras haciendo algo de esto toma conciencia de que puedes proponerte un día de dieta de críticas.
  • Habla con la gente que piense distinto, seguro que empiezas a ver otros puntos de vista.
  • Acepta que no todos piensan igual que tu.
  • Suelta la polaridad extremista de buenos y malos.
  • Date cuenta de que hemos venido a experimentar el amor y no a practicar el odio.
  • Comprende las historias de vida porque eso nos ha construido.
  • Trabaja en ti para comprenderte sabiendo que eres la mejor construcción con tu propia historia.
  • Siente tu cuerpo ante lo doloroso y vacíate de ello.
  • Busca los espacios de calma ante las convulsiones y ahí respira.
  • Pega saltos de energía saliendo del miedo y entrando en el amor.
  • Envía amor a todos, sean quienes sean. Todos es todos. Es un ejercicio diario.
  • Colabora siendo un productor/productora de paz. La paz está en uno. Hazla crecer siendo paz.
  • Y celebra la vida agradeciendo cada experiencia. En estos momentos en los que compartimos imágenes dolorosas seguro es que las necesitamos para empezar el cambio hacia una evolución de conciencia.

¡Juntos podemos!

Os quiero

© Instituto Ángeles Wolder – Todos los derechos reservados.

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento emocional complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente para su bienestar emocional. Debe aclararse que el Instituto Ángeles Wolder no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún tratamiento.

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¡Hola! Soy quien ha escrito este artículo

Ángeles Wolder

Ángeles Wolder

Directora Instituto Ángeles Wolder. Autora del Libro “El Arte de Escuchar el Cuerpo” y de "El reflejo de nuestras emociones: la descodificación de los sentimientos a través del cine". Es licenciada en Kinesiología, Profesora en Enseñanza Universitaria, Licenciada en Antropología Social y Cultural y Máster en Psicosociología. Desde hace 10 años se ha centrado en comprender y observar cómo el ser humano y la humanidad gestionan los conflictos emocionales.

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