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Capturando imágenes para sanar

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Antes que nada, me gustaría aclarar que, aunque intenté ser imparcial, cuando me plantearon la idea de escribir este artículo (la cual desde el minuto 1 me pareció interesantísima), no pude evitar virarlo hacia lo más visceral y personal que habita en mí. Así empezó siendo, y así terminó. A continuación, pasaré a contarles ese antes y después en mi vida, donde las fotos dejaron de ser algo estéticamente bello, para ser algo sumamente necesario y sanador. 

Hace algunos años me tocó pasar por una situación muy dolorosa, difícil de aceptar, pero también parte de la vida: la muerte de uno de mis más mayores amores, mi bisabuela y mamá del corazón.  Este acontecimiento significó para mí un gran duelo, el cual —y lo agradezco fuertemente— tuve la oportunidad de realizar antes de la partida de “La gordi” (así llamábamos a mi bisabuela). Tuvimos un buen tiempo para prepararnos ante este suceso que sabíamos era inevitable, y aunque me sorprenda escribiendo esto, también necesario. Su ida fue a causa de sucesos naturales: 94 años es demasiado tiempo y no hay tantos cuerpos ni mentes que aguanten mucho más.

Ante esta situación irrevocable, el tiempo pasaba muy rápido; sin embargo, encontré una manera de poder detenerlo y que fuera eterno: tomando fotos. Cada foto representaba una etapa del duelo, expresaba la incertidumbre de lo que se avecinaba, pero a la vez, una fuerte necesidad de que tanto sufrimiento terminara rápido. Cada fotografía fue un granito de arena para que ese duelo no doliera tanto, y para que el arduo trabajo de superación fuera más liviano, ayudando a esculpir algo en el tiempo que yo sabía sería eterno: nadie podría quitarme ese instante fotografiado que ya iba a ser por siempre mío.

Cada retrato fueron decenas de lágrimas, pero hoy creo firmemente que fue necesario para poder transformar tanto dolor en una herramienta que me acercara a la resiliencia: algo que nunca pensé fuera posible ante la pérdida de un ser que, si hubiera sido por mí, hubiese coronado eterna.

Supongo que esto se debe a que la fotografía nos aporta la sensación de existencia de eso que ya no está. El revivir ese momento por una milésima de segundo a través del sentido de la vista y las sensaciones corporales que tuvimos en ese momento o, por ejemplo, sentir los olores que ya no están. La nostalgia que nos provocan las texturas resaltadas ante un retrato en blanco y negro contrastado, cerrar los ojos y estar en ese momento otra vez, tomando esa foto y sintiendo tan profundo. Volver al presente, sentir que el tiempo pasó, y que esa herida nunca va a cerrar pero que podemos verla desde otra perspectiva, con amor y sensación de paz inmensa.

Hace aproximadamente una década que, casi ininterrumpidamente, la fotografía ha sido mi profesión, al menos a tiempo parcial. Debo confesar que en todo este tiempo ninguno de mis trabajos más profesionales y elogiados han logrado ni generado en mí aquello que sentí fotografiando a mi bisabuela. Será porque la expresión catártica del sentir profundo es la que realmente logra atravesarnos.

“La vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida” Oscar Wilde

En esos momentos en los que más dolor sentí, el arte brotó dentro de mí, así como brotan las flores en primavera. Y a la vez, esa expresión artística me ayudó a transitar el dolor de manera sana y que permanecería en el tiempo dejando una huella necesaria, firme e indestructible. Huella que hoy, miro con orgullo y feliz de saber que nunca, pero nunca, nadie va a poder borrar. 

Invito a cada persona que lea este artículo a que, alguna vez en su vida, cuando no estén pasando por su mejor momento, busquen en la fotografía una herramienta de acercamiento a la sanación para superar esa situación o ese problema que no los está dejando ser felices, tal vez sin pensarlo encuentren una aliada, y por qué no, una gran amiga que los ayudará a recordar esos momentos de dolor desde otra visión mucho más sanadora y reconfortante.

Una de las fotografías que hice de mi bisabuela.

© Instituto Ángeles Wolder – Todos los derechos reservados.

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento emocional complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente para su bienestar emocional. Debe aclararse que el Instituto Ángeles Wolder no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún tratamiento.

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Fedra Brondo

Fedra Brondo

Consultora en el Instituto Ángeles Wolder y Fotógrafa profesional.

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1 comentario en “Capturando imágenes para sanar”

  1. Fui testigo de como te fuiste enamorando de tu profesión, y la hiciste carne, y la hiciste luz. Tuvimos la dicha de haber tenido a nuestra Gordo en tantos momentos inolvidables y tuviste el honor de capturarla para siempre. Te dejó su magia, se te nota en la mirada…te dejó su ángel, se te nota en el alma. Te amo siempre…y jamás olvides, que tú risa, me salva.

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